Hoy cuento mi historia

Hoy me sumo a todas aquellas mujeres que han decidido dar un paso adelante y contar su historia. Hoy lo hago yo. Yo fui acosada por un desconocido. No lo sabe mucha gente.

No recuerdo cuántos años tenía, alrededor de unos veinte, entre veinte y veinticuatro años. Los sábados a la noche salía con mis amigas, de todas ellas sólo un par creo que sabrá la historia. Por la noche siempre me acompañaba algún hermano a casa y no recuerdo porqué en aquella época ya no me acompañaban, supongo que vivían fuera.  El caso es que un sábado a la noche, hacia las dos o tres de la madrugada me iba hacía casa, cuando ya me quedaba poco recorrido me dí cuenta que el mismo coche había dado la vuelta, bajó la ventanilla y me seguía. En aquella época no había móviles o yo todavía no tenía uno. Como él iba en coche me alejé de la acera y me metí por debajo de unos soportales, ya estaba cerca de mi casa. Pasaba ese portal y el siguiente era el mío. Él seguía diciendo algo, no sé el qué. Yo estaba nerviosa, cagada perdida. Me costó abrir la puerta, me temblaban las manos. Él no bajó del coche, yo entré en el portal. Suspiré. Pensé “vaya gilipollas”.

El siguiente sábado volvía a ir a casa sola. Pensé que no me lo iba a encontrar, pero por si acaso me fui por otro lado. Apenas a unos metros, el coche volvió a aparecer, el mismo coche, el mismo chico. No recuerdo su cara, recuerdo algo vago, pero no consigo distinguirlo. Esta vez me pilló más cerca de casa. Entré en el portal. Me acongojé.

Creo que estuve dos sábados sin salir de casa. Al tercero salí. Ya no me arreglé tanto. Sabéis me gustaba enseñar el escote, la parte de arriba, sin que se viera nada, ese toque sugerente, sexy, me encantaba llevar la camisa así. Cambié algo la forma de vestir. También empecé a comer, sí a comer pero no por ansiedad, no, a comer para engordar y estar menos atractiva.

Esta vez fui por arriba, de encontrármelo me lo encontraría justo cuando estaba muy cerca del portal. Allí estaba, en su coche, nunca escuchaba lo que decía. Me fijé en su matricula. Una amiga, con la ayuda de otra persona, intentaron localizar a quien pertenecía el coche, no se descubrió mucho, a qué localidad pertenece el coche y poco más.

Le conté a uno de mis hermanos lo que me pasaba, ya no vivía en casa, pero los sábados, cuando yo salía él me acompañaba. No volví a ver el coche, supongo que se cansaría de esperar. Todavía me acuerdo de la matricula.

Esta historia la he contado como si sólo hubieran sido 4 ó 5 noches, fueron más, unas cuantas semanas en las que el coche me seguía o esperaba, unas cuantas semanas sin salir por la noche, una larga temporada, otras cuantas semanas en las que tenía que ser acompañada a casa. A mis 40 años, si salgo de noche y tengo que volver a casa sola, voy con miedo. Si tengo que coger un taxi y lo hago sola, lo cojo con miedo.

No a la violencia de género, nadie es superior a nadie, eduquemos en respeto.

Susana Sobrino

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

A %d blogueros les gusta esto: